lunes, 14 de diciembre de 2009

Carpaccio a la mostaza

He aquí otro plato con leyenda. La típica es la del cocinero que no tenía más que un solomillo congelado y se le presentó una manada de comensales sin avisar. Otra vez, como en el caso de la César, es totalmente increíble; de lo contrario, los restaurantes serían conocidos como esos sitios donde vas a comer y, como no tienen de nada, se inventan un plato en el sitio.

La otra leyenda, más verosímil, sitúa el origen de este plato en el Harry's bar de Venecia, donde alternaban aquéllos que podían vivir de las rentas. Una de las feligresas de este sitio fue en cierta ocasión y contó sus penas al tal Harry: padecía del estómago y sólo podía comer la carne cruda. A Harry se le ocurriría entonces cortar el solomillo muy fino y emplatarlo acaso con una salsa y queso parmesano. ¿Veis? De nuevo obedece más a un trabajo y un conocimiento de los ingredientes que a un rapto de inspiración.

Aunque lo óptimo es congelar la pieza de solomillo y cortarlo uno mismo en finas láminas, yo no tengo tanta destreza y compro el carpaccio ya cortado en el supermercado.

Ingredientes:
  • Un paquete de carpaccio por comensal (o unos 100 gr de solomillo congelado, si lo parte el cocinero)
  • Unos 20 gr de queso parmesano (si no se compra el carpaccio envasado)
  • media bolsa de rúcula
  • 1 cucharadita de mostaza
  • 1 cucharada de aceite
Distribuir los filetitos de solomillo por todo el plato.
Hacer una salsa mezclando la mostaza y el aceite y untarlo por toda la carne.
Cubrir con la rúcula.
Echar por encima las escamas de queso parmesano que incluye el paquete de carpaccio (o que se haya comprado en la quesería).
Echar un chorrito de aceite para aliñar la rúcula.

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